domingo, 6 de mayo de 2012

TRAS LA PISTA DEL DR. JOHNSON EN LONDRES




La reciente lectura de la pieza teatral El juicio del doctor Johnson, escrita por G. K. Chesterton, me ha hecho regresar mentalmente al Londres del siglo XVIII. En particular, he rememorado la muy física visita que realicé, en época más cercana, a la casa-museo del escritor Samuel Johnson en la capital del Támesis, sin olvidar las tabernas vecinas que frecuentaba el autor del  Diccionario de la lengua inglesa que recibe su nombre, y que todavía hoy están abiertas al público. Amante de los buenos libros y las buenas conversaciones, tenía asimismo un hueco en su corazón —y su estómago— para las ricas viandas y las alegres bebidas.

Ubicado en un chaflán estrecho, protegido por un dédalo de callejuelas recoletas, uno encuentra la casa-museo del Dr. Johnson, si se empeña en ello. Porque no salta a la vista ni se encuentra a la primera. A pocos metros de la bulliciosa Fleet Street, los aledaños de la vivienda de este hombre sabio, se me antojan aún en nuestros días un remanso de paz en plena jungla del asfalto londinense, una isla dentro de otra isla que alberga más de un tesoro, una burbuja de silencio sin la pompa y la bambolla reinantes en las travesías circundantes. 

17 de Gough Square. En el interior de este recinto calmoso, el docto doctor leía, escribía y meditaba. Para el tumulto y el compadreo, para yantar y echar un trago, hay que dejar atrás las plazuelas mansas que lo envuelven y sentar cátedra ante la mesa de los figones, al calor de los fogones, a pocos pasos de aquí, donde tenía plaza en propiedad el gran Johnson. Y silla. Todavía podemos admirar la pieza en la casa; un asiento sólido, en realidad, una banqueta, que debía resistir todo el peso de la humanidad de nuestro personaje. 

El día que visité la vivienda-museo diríase ser yo el señor de la casa. La recepcionista que me abrió la puerta podía pasar por el ama de llaves, servicial y afable, silenciosa y discreta. Pocos segundos después de ingresar en aquel templo, ya actuaba yo de sumo sacerdote. Entraba y salía de las estancias cuidadosamente ordenadas sin interrupciones; subía y bajaba los tres pisos del edificio, por unas escaleras angostas, sin tropezar con nadie, fantaseando sobre los esfuerzos que tuvo que pasar el buen doctor para completar la escalada; miraba este candelabro de almacén de antigüedades del salón y reparaba en aquel mueble noble de anticuario de la biblioteca, sin distracción alguna. Eché así —y allí— la mañana casi sin apercibirme del paso del tiempo. Tras despedirme de los fantasmas propios del lugar, mis únicos acompañantes durante la visita, salí a tomar el fresco.

El apetito que de pronto sentí puso el reloj en hora. Comprendí entonces que debía completar el recorrido y la pista del doctor Johnson pasando consulta en las tabernas que solía frecuentar para mantenerse entero, para dar de qué hablar a los parroquianos y de qué escribir al fiel amigo James Boswell.








«A very fine cat indeed!»

Entrada Ye Olde Cheshire Cheese Pub (hoy)


Entrada Ye Olde Cheshire Cheese Pub (ayer)



Ye Old Cock Tavern

Ye Old Cock Tavern (desde el interior)


El doctor Genovés brinda en honor del Dr. Johnson

4 comentarios:

  1. D, Fernando, he conocido Londres el año pasado casi de chiripa, porque fui invitado a una boda en Sheffield, y aprovechamos un par de dias antes para hacernos un pequeño recorrido, de los digamos, imprescindibles. Tengo muchas ganas de volver, con más tiempo, claro, porque siempre he preferido conocer otras capitales, que Londres, no sé porque este motivo tan raro, será que tengo sangre Irlandesa.

    Brindo contigo en la última foto.
    Saludos

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    1. Tampoco yo, amigo Roy, debo reconocerlo en público, soy un entusiasta de la ciudad del Támesis. Fíjese que esta es la primera entrada del blog que tiene a Londres por objeto. Y no será porque no he estado veces allí. No obstante, guste más o menos, es un lugar de imprescindible visita. Ah, y esas casas londinenses...

      Buenos viajes

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    2. Magnífica crónica de uno de los viejos sitios de Londres, me han hablado de muchos que de 30 años a nuestros dias lucen irreconocibles. Se disfruta mucho la lectura. ¡Saludos!

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    3. Gracias por tu amable comentario, Lord Shadow, y bienvenido a Los viajes de Genovés. Tengo prevista otras crónicas londinenses en próximas entradas. Veremos en qué estado están de revista...

      Saludos y felices viajes

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