BIENVENIDA

Bienvenidos al cuaderno de bitácora de Fernando Rodríguez Genovés

Este cuaderno de bitácora está compuesto de «Páginas» y «Entradas». En las «Páginas» encontrará el visitante imágenes fijas y vídeos de algunas de mis andanzas por el ancho mundo. En las «Entradas» iré introduciendo periódicamente textos escritos sobre mis viajes y sobre las ciudades por las que he deambulado. Algún día tal vez queden reunidos en un libro. Ya tiene título: El alma de las ciudades.

Bienvenidos a este espacio sobre rutas y recorridos de un viajero vocacional que no conoce tanto mundo como quisiera, pero que ha aprovechado las oportunidades habidas para ensanchar su vida. No otra razón principal, sino ésta —ensanchar la vida— es la que me mueve a hacer las maletas, coger el sombrero y ponerme en marcha. 

No entiendo el viaje —atención a esto— como una forma de alargar la vida, sino de ensancharla. La diferencia entre ambas categorías no la considero baladí. Ya nuestra vida, la de cada uno, supone un transitar con destino a una estación término. Viajar por el mundo, entonces, no significa para mí prolongar la vida, pretendiendo así que dure más. En vez de una suerte de suero de inmortalidad o un elixir de eternidad, las jornadas del viajero las vislumbro como magníficas ocasiones de expansión. Así entiendo el viaje, así lo emprendo y así lo cuento.

Las experiencias de viajes y las exploraciones que aquí describo son todas ellas con retorno, de ida y vuelta. Al modo de los viajes de Ulises, dispongo una navegación al objeto de descubrir mundo y para explayarme. La nave viajera, si por fortuna no encalla o naufraga, y para cumplir su destino, debe arribar a la playa de Ítaca. Porque ahí al viajero le aguarda el hogar, lugar donde reponerse e iniciar, más tarde, quizás, una nueva travesía.

Como veis, amigos visitantes, no me considero un nómada. Tampoco un turista o un excursionista. Comoquiera que disfruto perdiéndome, vagando por aquí y por allá, llamadme, vagamundo.

Cuando salgo de viaje me despido de los míos con un «hasta luego». El largo adiós puede esperar.