El nombre «Trastévere» proviene del latín, de dos voces
antañonas «trans» y «Tiberis». Como resultado tenemos: «lo que está más allá
del Tíber». El Tevere, río que
segmenta Roma, aunque no la divide por dos, acoge el rumor de los años
transcurridos y aquí sedimentados. Tevere
suena, en efecto, a Tiberio y a la Roma imperial. Aunque yo el eco de su voz
lo siento más como una llamada, una invocación a regresar a este punto que atrae
como una fuerza magnética. Te veré en Roma…
El barrio del Trastévere desciende de un rancio linaje que
se remonta a la antigua Roma, siendo su más fiel sucesor. Este espacio de
la memoria merece ser reconocido, por derecho propio, como el principal heredero de la Roma más
profunda.
Paseo por estas callejuelas y plazas de remoto basamento y
me siento transportar, no más allá del Tíber, sino más allá de tiempo y el espacio.
En el Trastévere percibo el pasado de Roma, unido al presente por una maroma,
por un largo y fuerte cabo que lo fija a tierra firme, a puerto, impidiendo que se
pierda en la noche oscura.
Aquí está el estómago de Roma. El gran mercado central de la
villa que expone sin reparo las vísceras y las interioridades de unos hombres
siempre arrojados y unas mujeres permanentemente desembarazadas. El
Trastévere es la teta que alimenta el cuerpo y el espíritu de una ciudad
insaciable e inagotable. ¡Mama Roma!
Paseo por el Trastévere y juzgo impreciso el término «pasear»
para expresar las sensaciones que experimento. Cuando penetro y recorro sin
prisas este lugar me siento, sencillamente, «trasteverar».












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