viernes, 20 de abril de 2012

PASEO POR EL TRASTÉVERE (ROMA)


El nombre «Trastévere» proviene del latín, de dos voces antañonas «trans» y «Tiberis». Como resultado tenemos: «lo que está más allá del Tíber». El Tevere, río que segmenta Roma, aunque no la divide por dos, acoge el rumor de los años transcurridos y aquí sedimentados. Tevere suena, en efecto, a Tiberio y a la Roma imperial. Aunque yo el eco de su voz lo siento más como una llamada, una invocación a regresar a este punto que atrae como una fuerza magnética. Te veré en Roma…

El barrio del Trastévere desciende de un rancio linaje que se remonta a la antigua Roma, siendo su más fiel sucesor. Este espacio de la memoria merece ser reconocido, por derecho propio, como el principal heredero de la Roma más profunda. 

Paseo por estas callejuelas y plazas de remoto basamento y me siento transportar, no más allá del Tíber, sino más allá de tiempo y el espacio. En el Trastévere percibo el pasado de Roma, unido al presente por una maroma, por un largo y fuerte cabo que lo fija a tierra firme, a puerto, impidiendo que se pierda en la noche oscura. 

Aquí está el estómago de Roma. El gran mercado central de la villa que expone sin reparo las vísceras y las interioridades de unos hombres siempre arrojados y unas mujeres permanentemente desembarazadas. El Trastévere es la teta que alimenta el cuerpo y el espíritu de una ciudad insaciable e inagotable. ¡Mama Roma!

Paseo por el Trastévere y juzgo impreciso el término «pasear» para expresar las sensaciones que experimento. Cuando penetro y recorro sin prisas este lugar me siento, sencillamente, «trasteverar».

















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