Vicente Blasco Ibáñez, En el país del arte. Tres meses en Italia, Prólogo de Rosa María Rodríguez Magda, Ediciones Evohé, Colección El Periscopio, 271 páginas
«Es el Mediterráneo el
mar de los recuerdos. No puede pensarse sin profunda emoción que las mismas
aguas que nos mecen son las que un día se abrieron por vez primera ante el
cóncavo vientre de las naves fenicias, que llevaban en su seno, bajo las velas
de púrpura, la civilización y la vida al Occidente europeo; las que, rodeando
con espumas y peces voladores la esbelta birreme griega, hicieron soñar al
navegante poeta con las sirenas, los tritones y la Venus esplendorosa de
belleza y seducción, creando el más hermoso de los cultos; las que presenciaron
los sangrientos abordajes y el cruzar de férreos espolones entre cartagineses y
romanos; y las que siglos después fueron testigos de la heroicidad aragonesa,
sufriendo el peso de nuestras invencibles galeras, lamiendo, mansas, los
férreos escudos de los almogávares que empavesaban sus bordas, y reflejando el
trono indestructible de Roger de Lauria, aquel alcázar de popa, desde el cual
el gran almirante de Aragón, soberbio y tenaz como nuestra raza, juraba que los
peces no surcarían el Mediterráneo sin ostentar sobre el lomo, como símbolo de
sumisión, las cuatro barras de sangre.»
Con el permiso de los editores de este magnífico volumen que recoge el viaje por Italia realizado por Blasco Ibáñez en 1886, reproduzco uno de sus momentos más hermosos, aquel en el que, en pocas líneas, el novelista valenciano retrata la inmensidad material, espiritual y simbólica del mar Mediterráneo, del Mare Nostrum. Blasco escribe este libro de viajes a los 19 años, pero el genio narrativo del escritor ya está presente y bien patente.
Cerca del mar, porque yo también nací en el Mediterráneo, leo con gozo las crónicas viajeras de Don Vicente. Como reza el lema de la editorial que ha hecho posible esta publicación: Verba volant, scripta manent.


Gracias por tu entrada. Magnífica bitácora. Un saludo muy cordial.
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