En Lisboa, corazón de Portugal, no hay
salida, porque es un vacío perfecto. Por un lado, está el azul de las aguas del
río Tajo. Por otro, espejea el azul del azulejo, que fabrican los artesanos del
lugar, y donde ve reflejada el lisboeta su mirada blue. En lo alto, dominando
el espacio, reina el límpido azul del cielo. Acaso como reflejo a su vez del
mismo azulejo, ya vislumbró con agudeza el gran escritor y caminante
Henry David Thoreau: «El azulejo carga el cielo en la espalda.»
Lisboa
es el sitio ideal para perderse en un vacío perfecto entre azules, pero
donde uno corre el riesgo de dejarse, como tributo, un fragmento del alma. Y no
tanto por mor de un sueño inmortal cuanto por la aspiración propia de hacerse el vacío…
Fragmento de
«Lisboa, vacío perfecto entre azules». Capítulo IV de El
alma de las ciudades. Relatos de viajes y estancias (Amazon-Kindle,
2015).

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