Foto del valle de Santo Espíritu tomada por mi padre en el año 1972
Mis padres
tenían una casa en el valle de Santo Espíritu del Monte. El valle de Toliu se
encuentra muy próximo a la población valenciana de Gilet, en las estribaciones
de la Sierra Calderona, a diez kilómetros de Sagunto y poco menos de treinta de
Valencia. Allí he pasado, durante mis años mozos, muchas vacaciones de verano y
de Pascua, y no pocas estancias de fin de semana.
Tan a mano
del cap i casal, el entorno, que
todavía conserva el aroma y el sabor mediterráneos, anuncia ya el vigor y el
verdor de la serranía. Esta circunstancia resulta especialmente atractiva a la
hora de encontrar fresco alivio y darse un buen respiro durante los meses
calurosos y húmedos del verano costero. Extensas pinadas y amplias zonas de vegetación
proporcionan unas temperaturas muy templadas en el periodo del estío, esas que
permiten jactarse, ante quienes han quedado en la ardiente ciudad, de dormir en
los meses de julio y agosto con cubierta o “una mantita”.
Rodeado este
dominio augusto por “siete colinas” — la Montaña de la Cruz, la Cueva de
Braulio, las Peñas de Cok, el Xocainet, el Pico del Águila, la Montaña del
Tocino y las Montañas de Félix— resulta ideal para pasear, practicar el
senderismo o hacer ciclismo. Por las calzadas y veredas que recorren el valle
aprendí yo a montar en bicicleta, a dar los primeros pedaleos, subido a lo que
todavía no era para mí, joven prudente o acaso temeroso principiante, un
genuino velocípedo.
Aquí también tomé el hábito de salir a caminar por los
senderos y los collados locales con un libro en el bolsillo o la bolsa, junto a
la merienda y la cantimplora. Sobre una roca o bajo un pino, arrullado por el
trino de los pájaros y el sereno rumor del viento que mecían las ramas de los
árboles y los arbustos, le tomé gusto, simultáneamente, a la andanza, la
lectura y la meditación, aprendiendo de esta forma a tomarme la vida con
filosofía.
Una de mis
rutas más frecuentes, carretera arriba, por entonces con poco tráfico, es la
que lleva al Real Monasterio de Santo Espíritu del Monte. Monumento histórico
al tiempo que área recoleta, el monasterio mantiene desde sus orígenes la más
pura atmósfera franciscana. A dicha orden religiosa la reina Doña María de Luna La Grande, esposa del rey Don Martín I El Humano, donó en el año 1404 la propiedad
de una masía y los aledaños, legados a su vez a la corona por Doña Jaumeta de
Poblet, señora feudal de Gilet. Sobre las bases del caserón original fueron
edificados el convento, la iglesia, el patio, el huerto y los edificios colindantes,
formando un conjunto arquitectónico —según manda la Orden— muy austero, pero,
asimismo, imponente, en el cual hasta el menos entendido en la materia
reconocerá raíces artísticas de inspiración valenciana.
Desde su
mismo germen, nobles nombres valencianos han acompañado la historia del
monasterio. La reina María de Luna obtuvo la autorización eclesiástica, que refrendaba
la donación de la propiedad a los franciscanos, directamente del Papa Benedicto
XIII, el Papa Luna, a la sazón pariente de la soberana. El cardenal-obispo de
Valencia, Don Rodrigo de Borja, futuro Papa Alejandro VI, intercedió más tarde
para que el monasterio fuese cedido a Sor Isabel de Villena, de la orden de las
clarisas, aunque, finalmente, se mantuvo bajo la custodia y la observancia franciscanas.
San Francisco de Borja, asiduo visitante del recinto, organizaba aquí reuniones
dos veces al año con otros notables santos valencianos, San
Luis Beltrán y San Juan de Ribera, sin olvidar al Beato Nicolás Factor, a quien
se atribuye el portento de haber descubierto milagrosamente la fuente que
recibe su nombre y todavía hoy es lugar de peregrinación para todos los
sedientos de la zona.
Por lo que a
mí respecta, no presumo de pertenecer a una estirpe linajuda ni me considero
tampoco personaje eminente, y menos aún un santo. Pero, eso sí, me complazco en
afirmar que mi familia y yo mismo formamos ya parte de la materia y el alma del
valle de Santo Espíritu, donde hemos pasado momentos muy gratos.
DÓNDE COMER
Próximo al
Monasterio hay una amplia explanada muy adecentada y bien dispuesta, con juegos
para niños, baños, mesas con bancos y barbacoas de uso público. Es aconsejable
ir bien aprovisionado para hacer picnic.
DÓNDE DORMIR
El
Monasterio dispone, en una zona anexa, de una Hospedería donde alquilar
habitaciones. No hay lugar más tranquilo y sereno para el reposo del viajero.
Enlace de
interés: Monasterio de Santo Espíritu
El presente texto sirvió de base para confeccionar la crónica de la Ruta de Autor, realizada por Bel Carrasco en el Suplemento de Valencia DE FINDE del diario EL MUNDO, publicada el día 14 de septiembre de 2013.




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