El año 1979, el filósofo Jon Elster, noruego de
origen pero establecido e incorporado al ámbito académico norteamericano desde
los mismos años 70, publicaba uno de sus libros más celebrados, Ulises y las
Sirenas. En él iniciabauna prometedora exploración e interpretación de los
mecanismos humanos de la racionalidad —sus grados y diferencias con la conducta
animal—, los cuales eran ordenados en una jerarquía epistémica que iba desde la
racionalidad perfecta hasta la cruda irracionalidad.
En mitad de la gradación situaba a la
«racionalidad imperfecta», o comportamiento afectado de flaqueza de voluntad:
debilidad del querer que tiende a infrautilizar la capacidad racional del
hombre, pretendiendo, por ejemplo, proyectar fines y preferencias de modo
indirecto o diferido, a través de los demás sujetos y de estrategias ad hoc.
Esta clase de racionalidad devaluada quedaba allí ingeniosamente ejemplificada
por el episodio homérico de Ulises atándose a sí mismo al mástil del navío por
temor a ser seducido por la melodía de las Sirenas.
Más de veinte años después, tras una obra rica
en crecimiento y permanente puesta al día, siempre bajo la dirección controlada
de la teoría de la elección racional, Elster recupera de nuevo el argumento
nuclear de aquel texto con el fin de explicar mejor cómo y por qué la gente se
ata y se restringe a sí misma en sus acciones. Transcurrido este tiempo, más
allá de la incorporación de cambios descriptivos a la temática desplegada,
Elster emprende en Ulises desatado una profunda revisión normativa de la
misma. Lo que en un primer instante fue interpretado como una imperfección, y
aun una anomalía, del comportamiento humano —el compromiso previo y la
restricción—, en el momento presente de la investigación es visto como un
repertorio de herramientas y estrategias de la acción, que si bien no exigen la
dimisión de la racionalidad efectiva, sí la acompañan para adiestrarla y
permitir así que nave y capitán lleguen a buen puerto. Elster, pues, desata a Ulises porque comprende finalmente la decisión de éste. Es más, lo desculpabiliza y lo rehabilita para la acción racional: a pesar de que no siempre somos racionales, y en no pocas ocasiones nos conducimos como seres irracionales sin más, dejándonos arrastrar por tentaciones, pasiones, deseos compulsivos, cambios bruscos de preferencias e inconsistencias varias, «podemos saber que somos irracionales, podemos utilizar estrategias de precompromiso para protegernos». Es decir, queremos y elegimos ser racionales, después de todo.
Una teoría de las restricciones
Elster se confiesa convencido de la
indeterminación de la propia teoría de la elección racional, hasta el punto de
que más que persistir en el esfuerzo de levantar una teoría de la racionalidad,
ahora habla explícitamente de avalar con exámenes y pruebas una teoría de
las restricciones en los más diferentes campos. La firmeza de la
disposición y la variedad de las áreas estudiadas hacen especialmente atractiva
la lectura del nuevo trabajo de Elster.
Desde la exploración de tipos de fundamentalismo
religioso —la secta amish y su déficit de modernización—, del
comportamiento adictivo —estrategias de autorrestricción para frenar el hábito
del tabaco, el alcohol, el juego—, de las instituciones políticas —las
constituciones políticas elaboradas para vincularse los ciudadanos consigo mismos y con los demás—, hasta el
análisis de la creatividad y las restricciones en las artes —los probables
beneficios de las películas en blanco y negro y silente frente al cine en color
y sonoro, de la narración corta frente a la novela, la improvisación en la
música jazz, etcétera—, el libro recorre una larga lista de situaciones y
actuaciones humanas que muestra, casi diría que demuestra, que a menudo menos
es más. O lo que es lo mismo, que muchas veces se revela más provechoso el
tener menos opciones, al objeto de actuar mejor, que el disponer de la
abundancia, lo que vendría a significar a fortiori, tener en exceso, o
sea, de más.
Bajo el título de «Cuando menos es más» escribí la
reseña del libro Ulises desatado. Estudios sobre racionalidad, precompromiso
y restricciones de Jon Elster (Gedisa. Barcelona, 2002). Fue publicada en Blanco y Negro Cultural, Suplemento cultural del
diario ABC, Madrid, nº 608, el 20 de septiembre de 2003. Ahora la
reproduzco en Los viajes de Genovés porque de viajes y viajeros va la
cosa, después de todo.

Gracias por ser tan didácico Fernando. Me ha encantado el post, he intentaré buscarle un hueco al libro.
ResponderEliminarSaludos
Roy
Gracias a ti, amigo Roy, por tu fidelidad lectora y tu acompañamiento en estos viajes por ciudades y libros.
EliminarSaludos y felices viajes
Interesante post de un autor, que le en la facultad un libro—P.O. del catedrático J. Millán—“Leibniz y la formación del capitalismo” 1975, todavía en vigor universitario; un tostonazo. Tenía 21 tacos (era más divertido ver a Scorsese y su interpretación de capitalismo) y las sirenas me seducían como a Ulises en el bar de “la facu”. Me ha gustado el paralelismo que planteas en ese artículo de 2003. Eran tiempos post 11S de los choques de civilizaciones de Huntington y el agorero Kaplan. Sirve a día de hoy. La verdad que el mundo ha cambiado poco intelectualmente —caprichoso e igual de intolerante— salvo en el uso de iphone´s y demás gadgets. Saludos
ResponderEliminarLo mismo pensé yo con respecto a la atualidad de esta cuestión cuando me decidí por desempolvar esta antigua reseña. Nada nuevo bajo el sol...
EliminarCon todo, es muy interesante seguirle la pista a Elster. Un magnífico pensador.
Saludos y felices viajes